Caballeros y Caballos...

La Orden de Caballería.

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Parte primera: la cual trata del principio de la caballería.

Faltó en el mundo caridad, lealtad, justicia y verdad; comenzó enemistad, deslealtad, injuria y falsedad, y de ahí nació error y turbación en el pueblo de Dios, que fue creado para que los hombres amasen, conociesen, honrasen, sirviesen y temiesen a Dios.

Al comenzar en el mundo el menosprecio de la justicia por disminución de la caridad, convino que justicia recobrase su honra por medio del temor, y por eso se partió todo el pueblo en grupos de mil, y de cada mil fue elegido y escogido un hombre más amable, más sabio, más leal y más fuerte, y con más noble espíritu, mayor instrucción y mejor crianza que todos los demás.

Se buscó entre todas la bestias la más bella, la más veloz y capaz de soportar mayor trabajo, la más conveniente para servir al hombre. Y como el caballo es el animal más noble y más conveniente para servir al hombre, por eso fue escogido el caballo entre todos los animales y dado al hombre que fue escogido entre mil hombres; y por eso aquel hombre se llama caballero.

(...)

Raimundo Lulio (1235-1313)


Hoy, las cosas han cambiado, y para tener un caballo no hace falta más que cumplir un requisito: poder permitírselo. El resto de características, tales como nobleza de espíritu, bondad, instrucción, pueden darse o no, pero lo realmente importante es tener los fondos necesarios.

Evidentemente, los caballeros de hoy, llamémoslos jinetes, no tienen que defender ni los principios de caballería, ni a su Rey o a su Dama. Pero hay algo que no ha cambiado: el animal que montan sigue siendo igual de hermoso, valeroso y noble. Una igualdad que no se verifica con su jinete en muchos casos.

Tristemente, es posible encontrar a jinetes desconsiderados con su caballo, incluso crueles. Es cierto que suele ser poco común, sobre todo si el caballo es de su propiedad, pero lo que si es más común es encontrar a personas que poseen un caballo simplemente por status social, o tal vez por capricho y que aun sin ser crueles en primera mano, si son negligentes en lo que a la Equitación se refiere.

Pues la Equitación es un arte, y para montar no basta con sentarse en la silla y usar la fusta. Llevándo a un animal tan noble a nuestras órdenes, la intención de todo jinete debería ser la de igualar la balanza con igual nobleza y valor, cosa que dista mucho de la realidad.

Hay muchos extremos: desde aquellos cuyos conocimientos de equitación no pasan de la altura de sus talones a aquellos que sabiendo que no lo hacen todo lo bien que podrían (pocas veces he encontrado a alguien incapaz de hacerlo mejor) prestan oídos sordos a todo tipo de consejos o correcciones. Los primeros son reconocibles, por ejemplo, porque sus pocos conocimientos e interés, les hacen mantener las una postura tan desinteresada y relajada que martirizan al pobre animal con las espuelas constantemente clavadas en el costado, simplemente por no hacer el esfuerzo de llevar los pies en su postura correcta. Después, se asombran cuando el caballo no responde a la orden de las espuelas, porque se ha vuelto insensible. La solución en estos casos suele ser emplearlas con más brutalidad...

El segundo tipo de personas opta por defenderse con frases del tipo "montar a caballo para mí es una forma de relajarme, o un hobby", como si eso les excusase de la mediocridad, y lo que es más, les excusase del esfuerzo mínimo para intentar salir de esa mediocridad. Caprichosamente, debe ser cierta aquella frase que dice que "las cosas parecen bien hechas hasta que llega alguien y las hace mejor". Tal vez este sea el problema de estos individuos: el no haber visto nunca a nadie montando ya no bien, sino tan sólo correctamente.

También está el caso de aquel que entiende por montar a caballo galopar hasta la extenuación. Es gente que tiene un caballo, pero solo los fines de semana. Y en esos dos días necesitan emociones fuertes, no importa que el caballo esté entrenado o no, el caso es llevarle a la extenuación en 48 horas escasas. Tampoco les preocupa mucho el, por lo menos, galopar de una forma correcta (y por lo tanto segura), o de poner en práctica conceptos como "galopar a la mano". Para ellos son teoricismos carentes de utilidad. Son aquellas personas que giran un caballo a fuerza de rienda, no de piés/piernas, y los que lo sacan al galope mediante fustazos, y cuando el caballo quiere, no cuando ellos quieren.

El como maneja un jinete la boca del caballo es un tema largamente debatido, pero a estos jinetes se les reconoce por que sus caballos son completamente insensibles en la boca, y cuando van montados no sueltan más que espumarajos entre los labios, incluso he visto caballos que montados según que jinete retraen tanto los labios por efecto de la tensión del bocado que muestran sus dientes.

También suele ser costumbre en estos "caballeros" abandonar durante un par de semanas a sus monturas en el club hípico, para aparecer de repente y realizar marchas interminables, o exigir que el caballo salte para que su hijo pueda practicar un poco. Después se enfadan terriblemente cuando su caballo sufre de tendinitis, o simplemente, está cansado y no responde como ellos quieren. El extremo más trágico es el de aquellos jinetes que se encolerizan y golpean a su caballo con la fusta porque en teorúa no les obedece, o no hace bien los giros, no sale al galope cuando ellos quieren, o pierden el galope, cuando lo que realmente ocurre es que el estilo de monta de su jinete es tan deficiente que constantemente está dándole indicaciones falsas a su caballo, ayudas innecesarias, y generalmente, no las correctas.

Incluso he visto a jinetes que confunden la barra de la cafetería con estar sentado encima de su caballo, y no tienen remilgos en hacer gala de sus conocimientos de monta vaquera montando en una silla inglesa, llevando las riendas con una sola mano pues la otra les hace falta para sujetar su humeante cigarrillo. El extremo ridículo se produce cuando incluso se lanzan al galope, con las riendas completamente sueltas en una mano y blandiendo su cigarrillo en la otra, como si fuera una antorcha y se dispusieran a quemar algo.

Paradójicamente este tipo de persona suelen ser terriblemente afortunada, pues suele poseer el caballo más sumiso, más obediente, y que cuidan mejor de su dueño, ya que rara vez se le ve en el suelo debido a una caída.

Hablando de caidas, hay quien ni respetan las medidas mínimas de seguridad, algo tan simple como por ejemplo el graduar bien los estribos. Recuerdo que cierta vez me fijé en un jinete que estaba vistiendo su montura, y graduó los estribos de tal forma que tenía las rodillas prácticamente dobladas, como un jockey. No me sorprendí cuando al poco rato su caballo se paró de repente y el jinete describió un gracioso vuelo por encima de la cabeza de su animal.

No es que critique la ignorancia de todas estas personas, pues no hay nada de gracioso en ser ignorantes. Ahora bien, si es criticables cuando este comportamiento es debido simplemente a su capricho personal y a su falta de interés. Cuando tienen un caballo sólo por tenerlo, y no lo aprecian en lo que vale. Cuando pudiendo mejorar constantemente en el arte de la equitación, se contentan con la mediocridad, e incluso menos que la mediocridad.

En todos los deportes ecuestres el caballo es el soberano. Esta es la primera regla del código de conducta en los deportes ecuestres. El bienestar del caballo está por encima siempre de los intereses del jinete, de su dueño, de los criadores o de su entrenador. Y por consecuencia, en interés del caballo, la competencia del jinete debe ser ideal. Pero desgraciadamente, un conjunto de reglas y normas no conseguirán aquello que una persona no sienta en su interior.

Pero un caballo, mitológicamente, es un ser defensor de la verdad. Y tarde o temprano, nos hará tropezar con ella.



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