| Los comienzos...
Durante milenios, el
caballo no fue más que una pieza de caza para servir de alimento al hombre
prehistórico. Su velocidad de galope no permitía abatirle fácilmente con
los medios rudimentarios de entonces, pero más tarde la astucia y las
emboscadas preparadas por el hombre permitieron hacerse con las manadas de
caballos que caían bajo los certeros golpes de los cazadores.Después
sobrevino un período de calma, porque el hombre nómada se volvió
sedentario, pastor y agricultor, y el caballo, más libre, sufrióuna
transformación, y por razones inexplicables las manadas disminuyeron,
aunque las condiciones de vida debían haber mejorado. Es la época de los
mercaderes de caballos que vendía ejemplares procedentes de los países
bárbaros del Norte, de Oriente y también de Arabia. Finalmente, llegó la
invasión de los bárbaros de Atila. caballeros de la época necesitaban para la guerra caballos pesados y potentes, también gustaban de utilizar caballos elegantes, ligeros y rápidos para la caza, los torneos, las justas y los juegos, así como para el tiro de vehículos de viaje. Entre batalla y batalla, o en épocas de paz se generalizó el empleo del corcel en torneos y juegos a caballos, como una preparación para el tiempo de guerra. Con el tiempo, estos entrenamientos para la guerra habrían de convertirse en el deporte hípico. Torneos, justas, lanzas y cañas. Las competiciones medievales acabaron rigiéndose por ciertas reglas y normas. Cuando se dejaban de lado los reglamentos no se conseguían más que accidentes, algunos de ellos mortales, lo cual no interesaba demasiado. El torneo fue la disciplina que más se practicó durante la edad Media. Su origen queda aun sin aclarar, aunque los alemanes se jactan de haber sido sus inventores. También en Francia, Roma y Grecia se atribuyen sus inicios, todos ellos oscuros. En la Eneida, Virgilio lo describe como práctica de los antiguos troyanos. No obstante los torneos diferían mucho de un lugar a otro, y por lo tanto puede aceptarse la idea de que cada país los organizó con rasgos diferentes, siempre con la idea de realizar entrenamientos para la guerra, y que por lo tanto no cabe hablar de plagio. Más tarde se crearon
"códices" para el desarrollo de estas competiciones, y con ellos la
unificación de criterios o coincidencias en su práctica. Las reglas
expuestas por el fancés Geofrey de Preuilly fueron adoptadas
universalmente, y por tal motivo, a partir del siglo XIII se aceptó la
posiblidad de que éste fuera el fundador de esta práctica, o al menos que
consiguió dar una idea exacta de ella. Lo más caballeresco en los torneos
es la presentación y boato con el que se rodean. La realidad era distinta, y casi siempre terminaba en sangre. Dos grupos o equipos de caballeros acudían a la hora prevista ante las tribunas, repletas de damas y caballeros, todos ellos luciendo sus mejores galas. Los dos bandos iban precedidos de trompeteros, maceros con el capitán árbitro, pendones, escudos, criados, y palafraneros, ataviados con sus mejores trajes y portadores del escudo de armas. Terminado el desfile,
ambos equipos se colocaban en la arena, enfrentados, y a la señal del
capitán-árbitro, armas en ristre se lanzaban unos contra otros, en medio
de los denuestos de los luchadores empeñados en desmontarse mutuamente.
Los que quedaban en pie seguían luchando con toda clase de armas. A medida
que la pelea se prolongaba, los ánimos se encrespaban y la "fiesta"
terminaba a la hora de la puesta del sol si con anterioridad no había
quedado uno de los dos bandos como claro vencedor. Al pasar balance, el vencedor podía quedarse con la armas y el caballo del derrotado, al que incluso podía exigir el pago de un rescate. Aparte del botín recibía un delicado obsequi (casi siempre una joya) de la dama principal, designada como "reina" del festejo. Pero los torneos
fueron degenerando en su practica, pues hubo momento en que se
convirtieron en auténticas batallas, ya que a la pugna se unían
partidarios de los dos bandos contendientes. Muy cerca de Colonia, en el
año 1240, en un solo día murieron más de cincuenta
caballeros. Hasta principios del
siglo XIV no hubo fiesta importante dondeno se celebraraun torneo y por
tal causa la disciplina fue degenerando. Hubo caballeros que formaron
grupos profesionales con el fin de consguir los botines y rescates
asociados a los torneos, movidos por el afan de lucro y exponiendo el
minimo. Las justas eran unas
manifestaciones totalmente distintas de los torneos, pues consitía en un
duelo entre dos caballeros, lanza en ristre y bien acorazados, que se
atacaban mutuamente de frente, consiguiendo el triunfo el que consiguiera
derribar a su oponente. También estas tuvieron
en ocasiones consecuencias trágicas, ya que no pocas veces las lanzas
atravesaban las armaduras, y esto, junto con la fuerza del impacto,
porvocaba la muerte o por lo menos heridas graves entre los
contendientes. En las justas, para
que la competición fuera más limpia e incluso proteger a la cabalgadura,
se llegó a deslindar los terrenos de uno y otro contendiente con una valla
de por medio. Más tarde aparecieron unos códices escritos también por el
francés Preuilly, y se llegó incluso a establecer la utilización de escudo
con el brazo izquierdo mientras habitualmente se enarbolaba la lanza con
el derecho. Hay anécdotas, como la muerte del rey francés Enrique II, esposo de Catalina de Médicis, que demuestran lo peligrosas que podían llegar a ser las competiciones. Vista la peligrosidad
de algunas de estas gestas, se buscó otro medio que permitiera la
demostración de habilidad del caballero y ofreciese mayor emoción. Había
que convertir un duelo en un juego de competición, y así surgió la idea de
"romper lanzas". En lugar de desmontar
al contrincante con la lanza de combate, tratóse entonces de romper la
lanza, de madera y sin su contera de hierro. El juego consistía en
arremeterse como en las justas, pero al chocar la lanza con el escudo, el
"arma" se rompía. Podían romperse tres lanzas en cada actuación de una
misma pareja, y todo consistía en procurar que la lanza no resbalara en el
escudo del contrincante. De esta forma, las justas se convirtieron en
juego de competición, con cierto riesgo per sin el peligro de las pruebas
anteriores. La justa tuvo en la
rotura de lanzas su inclinación hacia lo deportivo. Y análogamente los
torneos lo tuvieron en" el juego de las cañas", menos comprometida, y de
consecuencias más leves. En el juego de las
cañas, se realizaban unos preparativos muy parecidos en su boato al que
precedía a los torneos. Era un juego español por excelencia, que tuvo gran
predicamente en las diversas cortes hispanas. Para practicar el juego era
preciso disponer de caballos muy bien domados y sus jinetes debían ser
sumamente hábiles y capaces de actuar sobre el corcel con gracia y soltura
demovimientos. Este juego consistía
en lanzarse las cañas unos a otros en mutua acción de ataque, cañas que se
debían desviar con la adarga sujeta en el brazo izquierdo y en la que se
lucía la divisa o sus colores. Las Escuelas de entonces. Fué en la época bizantina cuando aparecieron elementos tales como la silla, la brida y las riendas. Sn olvidar que con la silla se crearon los estribos que fueron de gran utilidad para unos jinetes que tenían que buscar el máximo equilibrio en su caballo, a consecuencia del peso que representaban sus armaduras y escudos y las armas propias de la época. Fue entonces cuando se empezaron a estudiar sistemas y técnicas, y surgieron las escuelas "a la jineta" y "a la brida". La segunda prevaleció sobre la primera pero esto no quiere decir que "la jineta" haya quedado en desuso. En los campos
andaluces y salmantinos, en los cortijos o en el rejoneo en las plazas de
toros todavía esta vigente el estilo limpio, elegante y ardoroso de la jineta. Precisamente en España
y Portugal.
No obstante, las
tácticas de combate, los juegos de guerra y el pesode las armaduras
generalizaron en toda Europa la llamada "Escuela de la Brida", mientras
que el sistema de montar "a la jineta", más apropiado para los juegos de
cañas y el toreo se afianzó en España y ahí sigue. Para montar a la
brida, se requiere un arnés cabecero que sujete al caballo mediante la
brida propiamente dicha, el freno o bocado y las riendas. La silla carece
de resaltes o salientes excesivos y los estribos han sufrido cambios en
los materiales utilizados. Las guerra de Italia, en la época iniciada por los Reyes Católicos, fueron unas de las causas que acabaron por generalizar en España la escuela de la brida, por cuanto el jinete tenía una mayor movilidad y libertad de acción, sin las limitaciones que imponían los útiles aplicados al caballo más que el propio dominio del jinete que lo montaba. La permanencia en italia de los soldados españoles, peleando con enemigos cuya táctica guerrera era tan distinta de la que ellos habían practicado en nuestro suelo durante el largo periodo de la Reconquista, produjo sin duda una profunda modificación en la manera de combatir a caballo, y por tanto en la utilización de este. Fue pues en Italia donde la caballería española empezó a amoldarse a los nuevos estilos, dejando el español para las competiciones y los juegos clásicos de nuestro pueblo. El método o sistema de monta a la jineta tenía y tiene una característica muy especial, consistente en hacer correr, parar y girar el caballo bruscamente pero con sujeción a determinados principios. El caballo tenía que revolverse y marchar de uno a otro lado, incluso hacia atrás, con gran agilidad y presteza, y todo ello mediante la ayuda de pies, piernas y rodillas así como de la mano izquierda. El freno reviste en este caso una forma muy especial y exclusiva: menos pesado y más corto que el de la brida. La silla asimismo, es un dato de preferente atención. Es distinta a la de la brida, de hechura casi cuadrada, de mayor fortaleza y con dos arzones prominentes, el de delante recto y el posterior alto también pero ligeramente inclinado hacia atrás. No obstante el caballero en esta silla va perfectamente encajado, sujeto y sin riesgo de descomponerse al ejecutar los movimientos necesarios en los ejercicios correspondientes. Los estribos también son distintos a la otra monta: los había de dos clases, de "medio celemín" y de media luna, tanto para el combate como para torear de hierro, mientras que para el campo el material empleado era la madera. El pie, quedaba pues, perfectamente resguardado de los embites a los que había que oponerse, especialmente de los cuernos de los toros. En la jineta se utilizaban asimismo diversas espuelas, acicates diversos, de aguijón, pico de gorrión, etc. La posición del jinete es distinta en una y otra monta. Las Escuelas de Equitación. El conde de Fiaschi fundó su particular escuela de equitación en el año 1539 en la ciudad Italiana de Ferrara, y todo apunta a que fue la primera escuela de equitación de la que se tiene noticia. Fiaschi también expuso sus conocimientos y sus experiencias vividas junto a los caballos en diversos escritos. Tenía como fieles alumnos a Federico Grisone y Juan B. Pignatelli, que le sucedieron en sus teorías y en sus prácticas, y más tarde en la dirección en la dirección de su escuela que trasladaron a Nápoles. Entonces ya se había conseguido crear la Escuela Italiana, a la que acudían los hijos de las mejores familias francesas y alemanas, y esta fue la base de la creación de otras escuelas en dichos paises, en especial la francesa de La Broue y La Baume. Pero entretanto surgió una escuela que hizo historia y que se mantiene en nuestros días: la clásica Alta Escuela Española de Viena. Fue creada en el año 1572 y sustituyó a un famoso picadero cubierto austríaco. Fue en esta época el momento en que más se escribió sobre la hípica y la equitación. Estas constituyeron, junto con el deporte o arte de la esgrima y más tarde la gimnasia, los conceptos básicos de lo que había de ser el deporte del mundo.
Cada país realizaba sus estudios y fundaba sus escuelas de equitación. España también tuvo maestros en las prácticas hípicas, y en muchos casos, los conocimientos y las bases españolas sirvieron de iniciación a los escritos extranjeros. Pero el país que más preocupación demostró respecto a la monta fue Francia. A partir de 1600 buscaba nuevas fórmulas y tal vez encontró el mejor sistema, basado en movimientos muy suaves. Los franceses fueron depurando la técnica que entonces se consideró como el estilo moderno y hoy aún prevalece. Se crearon los picadero-escuelas de Versalles y las Tullerías, y paises como España, Portugal y Alemania empezaron a seguir el ejemplo, creando escuelas con peculiaridades propias pero bajo la influencia francesa. No obstante cada escuela publicaba libros en los que aunque exponían realidades técnicas extranjeras, mantenían sus propios conceptos y defendían sus convicciones clásicas. Por lo tanto, el siglo XVIII trajo consigo una preocupación y esmero en la preparación del caballo y en los antiguos sistemas de doma, pues se buscó la cadencia de la marcha y la flexibilidad en el manejo del corcel, y el movimiento de adorno hizo que surgiera la verdadera doma del noble bruto. Francia siempre mantuvo la cabeza en los estudios ecuestres, con sus escuelas de Versalles, de caballería ligera y la de Saumur, y empezó una nueva era: la militar exenta de florituras para dar a la equitación una forma castrense. De esta forma, el panorama ecuestre hasta tal vez 1920 estaba dominado por el estamento militar. Los jovenes oficiales de la Escuela de Saumur se imponían por doquier hasta que se empezó a despertar el interés entre la población civil. A partir del citado año 1920 los jinetes civiles confirmaron su aparición en los concursos hípicos. La caballería en el estamento militar tocaba a su fin con la aparición de la caballería motorizada, y ello motivo el que la equitación terminase de orientarse deportivamente. Actualmente, aunque existen militares que dominan el arte ecuestre, el elemento civil impone criterios propios y a el le corresponde buena parte del resurgimiento competitivo en lo ecuestre. | |
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