Personajes...


JENOFONTE

Fue un oficial de caballería griega, que marcó el primer hito en la equitación clásica.

Nació en Atenas en el 430 a.C. Escribió dos libros "Hippiké" y "Hipparchikós", que recogen una buena y abundante información sobre un método ecuestre aún vigente, ya que sentó las bases del arte ecuestre clásico.

Abarca la doma, la adquisición y el adiestramiento de jóvenes caballos, a los que Jenofonte entrenó siguiendo casi todos los pasos que hoy conocemos.

Además de ejercicios de equilibrio y flexibilidad que comprendían cambios de andadura y dirección, vueltas y círculos, enseñó a sus caballos a saltar pausadamente sobre los corvejones y disfrutó de las cacerías y cabalgatas a campo través cuando pudo poner en práctica sus principios ecuestres.

Jenofonte estudió asimismo la mente del caballo y creyó en el valor del premio y el castigo, porque

"si lo recompensas con un trato amable

cuando ha cumplido tus mandatos

y lo reprendes cuando desobedece,

lo más probable es que termine haciendo lo que quieras.

Este principio es válido

En todas las ramas de la hípica."

Insistía en la paciéncia en el trato de los caballos y desaprobaba con energía el uso de la fuerza para lograr los resultados apetecidos; decía que:

"Los jinetes que obligan a sus monturas con el látigo,

no hacen sino reforzar su miedo,

porque entonces asocian el dolor

con el objeto que los atemoriza"

Por avanzadas que fuesen las ideas de Jenofonte, tuvo la gran desventaja, como oficial de caballería, de carecer de silla de montar. Como buen oficial al servicio de Esparta que era, montaba a pelo, sin ni siquiera una manta en el lomo del caballo, hecho que sin duda fomentó su afición a los lomos musculosos.

Cabalgaba con las piernas extendidas y los dedos de los pies dirigidos hacia abajo, y afirmaba quela pierna desnuda del hombre, en contacto con la sudorosa capa del caballo, aumentaba adhesión.

CONDE CESARE FIASCHI

Su obra escrita en 1.559, aboga – como la de Jenofonte – por la paciéncia en el trato del caballo y recomienda el uso conjunro de manos, piernas y voz, en la práctica se conseguían los resultados apetecidos venciendo la resistencia del animal con cualquier método brutal.

Se utilizaban recursos como erizos o gatos atados a la cola del caballo, un hierro al rojo aplicado en el mismo lugar, o una barra de hierro con gárfios clavada en los cuartos traseros para obligar al caballo a avanzar. La única recompensa era, según parece, el cese del castigo inflingido.

Fiaschi recomendaba el uso de un filete articulado y suave, que actuase sobre las barras de la boca y careciese de camas.

Practicó la docencia en Nápoles, y su más conocido y afortunado discípulo fue Federico Grisone, a quien se atribuye el honor de ser el primer gran maestro.

FEDERICO GRISONE

Discípulo de Fiaschi.

Su libro, "Gli Ordini de Cabalcare", publicado en 1550, poco después del de su tutor, contribuyó, junto con su propia popularidad, a fomentar tan alta estima.

Sea como fuere, los discípulos de Grisone eran invitados a otros países de Europa, donde prevaleció y se difundió el método de adiestramiento y de equitación del maestro. Por orden de la reina Isabel I de Inglaterra, el libro de Grisone se tradujo al inglés.

GIOVANNI BATTISTA PIGNATELLI

Fue el sucesor y alumno más famoso de Grisone, quien también practicó la docencia en la Academia de Nápoles.

Desarrolló los métodos de Grisone, a los que incorporó adiestramientos y movimientos circenses.

En los métodos de los circos había observado que aunque exigían de los caballos un alto grado de obediencia y equilibrio, no empleaban la fuerza física ni severos bocados u otras ayudas para conseguir el resultado perseguido.

Pronto comprendió las ventajas de esta forma de equitación y adiestramiento. Poco a poco, incorporando algunos métodos circenses, la equitación clásica se fue haciendo menos pesada y se abandonaron las ayudas más severas.

Se hicieron entonces, más populares los caballos de conformación más ligera.

Los discípulos de Pignatelli seguieron difundiendo las enseñanzas del maestro por toda Europa durante la primera parte del siglo XVII.

ANTOINE DE PLUVINEL

El más famoso seguidor de Pignatelli. (1555-1602)

Su obra, "L’Instruction du Roy" fue publicada en 1623.

Pluvinel prosiguió con las enseñanzas de su maestro, aunque tratando de suavizar las ayudas para que fuesen casi imperceptibles. Fue mucho más comprensivo tanto con los caballos como con los alumnos; no confiaba en la utilidad del freno largo o de cadena y jamás introducia un bocado en la boca de un caballo que no estuviese lo bastante disciplinado como para aceptarlo.

Sus métodos de docencia eran más refinados; introdujo una serie de ejercicios de flexibilidad que sirviesen de entrenamiento para los movimientos más avanzados, como el passage o los cambios de pie cada dos o tres trancos.

Recurrió en contadas ocasiones a la persuasión mediante la fusta y la espuela; esta última ayuda era para él "el reconocimiento del fracaso".

Pluvinel fue el primero de los grandes maestros que utilizó los pilares en el picadero y enseñó a sus alumnos a montar sin riendas, mientras los caballos realizaban ejercicios de Alta Escuela.

Fue asimismo un hombre práctico que comprendió la importancia de que el caballo estuviese en forma antes de someterlo a duras pruebas.

Se ocupaba asimismo de que todos los arreos estuviesen bien ajustados.

Iniciaba el adiestramiento de los potros jóvenes sujetándolos con la cabezada de cuadra.

Sólo cuando correspondian con calma, introducia la brida y la silla, hasta que finalmente eran montados por un jinete de poco peso.

Se servía de ayudantes expertos y entrenados para enseñar a los animales las disciplinas elementales e insistia siempre en la suavidad y la paciencia de trato.

Se introdujeron actuaciones en dos pistas, así como diversos números ecuestres en grandes círculos y con distintos tiempos y andaduras, con lo que se enriqueció el método disciplinario de monturas y jinetes.

WILLIAM CAVENDISH (DUQUE DE NEWCASTLE)

El Duque de Newcastle (1592-1676) se había formado en la Escuela de Nàpoles.

Inauguró una escuela de equitación en Bélgica que más tarde trasladaria al castillo de Bolsover, en Inglaterra.

Pese a ser un hombre de educación clásica, que leía con fluidez en italiano, francés y latín, como entrenador fue muy duro y creía que los caballos obedecían mejor movidos por el miedo que por el respeto.

Sin embargo, nunca recurrió a castigos severos, y al igual que Pluvinel, utilizó ampliamente el cabezón y la rienda larga.

A diferencia de Pluvinel, concedía poco crédito a los pilares como método de adiestramiento, pues opinaba que restringia los movimientos de avance.

Su fuerte era el trabajo en el picadero, pero pretendía que tanto los caballos como los alumnos dominasen todas las ramas.

Dos de sus discipulos famosos, Carlos III de Inglaterra y el príncipe Ruperto, sobresalieron en las carreras y la caballeria militar respectivamente.

Newcastle fue uno de los primeros en darse cuenta de que los caballos tenian memoria y que esta facultad podia aprovecharse con ventaja.

En su libro "A new method to Dress horses and extraordinary invention and work them acording to Nature" publicado en 1.658, declaraba que

"la frecuente repetición fortalece la memória".

Se dio cuenta de que esta misma memoria podia ser un inconveniente cuando el adiatramiento inicial habia sido erróneo.

Le gustaba usar espuelas para que el jinete tuviera que moverse poco en la silla, y llevaba dos fustas, una en cada mano (como todavia es costumbre en la Escuela Nacional de Viena), para indicar al caballo con qué pie debia partir.

También usaba mucho la voz como ayuda .

Newcastle, el único gran maestro de Inglaterra, tuvo dificultades para persuadir a sus compatriotas de que la equitación clásica era una forma de arte más meritoria que la caza y las carreras, hecho que el pueblo británico no ha aceptado todavía.

FRANÇOIS ROBINCHON DE LA GUÉRINIÈRE

Al difundirse los nuevos y más perfectos métodos ecuestres por toda Europa, se allanaba el camino para el francés François Robinchon de la Guérinière (1.688-1.751)

quien en siglos posteriores se conocería como el "padre de la equitación clásica".

La influencia de este hombre cambió el rumbo de la equitación clásica, y sus enseñanzas constituyen la base de la teoría moderna.

Las dos grandes corrientes ecuestres que invadieron Europa fueron resultado de su trabajo: la primera se basaba en las escuelas francesas de Versalles y Saumur, y la segunda en la Escuela de Equitación Española de Viena.

La Escuela de Las Tullerías, antigua sede de las caballerizas reales antes de que estas se trasladasen a Versalles, había sido fundada por Luis XIV y, a partir de 1.730 se encargó de regentarla De La Guérinière.

No tardaria en hacerse famosa en toda Europa, sobre todo por sus refinados métodos de adistramiento y por la perfecta estampa de sus caballos (en su mayoria P.S.I.) que en ella se adistraron.

La Guérinière elaboró un sistema de ejercicios gimnásticos y de flexibilidad, destinado a cultivar y mejorar los movimientos y aires naturales del caballo, y a que el animal respondiese de buena gana a los deseos de su jinete sin necesidad de infligirle ningún tipo de castigo físico.

Su obra "École de Cavaliere", publicada en 1.733, describe sus métodos y ejercicios de flexibilidad con todo detalle.

Inventó el ejercicio de Espalda Adentro y lo utilizó exhaustivamente para conseguir flexibilidad.

Además de desarrollar el trabajo en dos y cuatro pistas, utilizó con profusión los movimientos laterales.

Durante la época de Pluvinel las ayudas se habían refinado progresivamente. De la Guérinière fue más lejos al perfeccionar el uso conjunto del asiento y de las piernas y definir y aplicar las ayudas de la rienda.

Diseñó un tipo moderno de silla, en la que redujo la altura de los borrenes y el arzón hasta entonces utilizados e incorporó acciones para las rodillas y los muslos. Era similar a la que todavía se usa en la Escuela de Viena.

D’AURBERGNE

Fue el primer director de la Escuela militar de París, que aunque duró solo 37 años, legó su influencia a la equitación francesa.

D’Aurbergne modificó la posición del jinete restándole formalidad y rigidez y en suma, conseguiria que la equitación militar fuese "menos académica, más simple, natural y audaz, ciertamente más militar, pero no menos brillante en su teoria ni en su práctica"

FRANÇOIS BAUCHER

François Baucher (1.796-1.873) era hijo de un carnicero de Versalles. Ambicionaba ocupar el cargo "écuyer en chef" tras el cese de Novital, alumno de Cordier.

Aunque nunca vería lograda su ambición, fundó una escuela en El Havre y otra en Rouen, y dirigió las dos conjuntamente. Al mismo tiempo escribió el libro "Dictionnaire Raisonné d’Équitation", publicado en 1.833.

Baucher, obsesionado en buscar la verdad, aceptó y rechazó teorías hasta descubrir la más perfecta.

Su única plataforma para divulgar sus principios era la pista del circo en que había sido presentado por Franconi.

Consciente de que este ambiente perjudicaba su imagen al presentarlo como un animador de variedades y no como un pedagogo y entrenador serio, persuadió al duque de Orléans para que le dejase entrenar a un par de regimientos con sus própios métodos. El duque accedió, pero antes de llevar a cabo su tarea, Orléans murió en un accidente y el programa de adiestramiento de Baucher quedó interrumpido.

Volvió a la pista circense para presentar números cada vez más estrafalarios hasta que, por mero azar, tuvo en Lyon un encuentro con el teniente L’Hotte y le expuso sus métodos docentes de la más pura inspiración clásica.

Mientras ensayaba uno de sus números de circo, le cayó encima una lámpara de araña que le dejó casi tullido y con las piernas semiparalizadas.

Para compensar su deficiencia inventó una equitación "de andar por casa", a base de "mano sin pierna – pierna sin mano".

Baucher fue sin lugar a dudas un brillante pedagogo y un genio que se sirvió del adiestramiento sistemático para quebrar la resistencia del animal.

Sus métodos y logros han dejado huella en la equitaión francesa, entre otras cosas por el cambio de pie al tranco, inventado por él y del que sus contemporaneos decían que "no era otra cosa que una ambladura larga".

Sus más reconocidos seguidores fueron Alexis François L’Hotte "soldado de hielo", admirador y discípulo de Baucher hasta la muerte, y James Fillis

Baucher fue de los pocos que en el siglo XIX hablaron del empleo razonado de las fuerzas del caballo.

El veia así de simple el mecanismo de su movimiento:

"Si quiere marchar al paso, deberá trasferir anticipadamente sobre los remos que queden fijos en el suelo, el peso que soporta aquél que se va a levantar primero".

Aconsejaba anular "fuerzas instintivas" del caballo, actuando sólo con las "fuerzas transmitidas" por el jinete.

Es decir, un gobierno totalitario en el que el jinete se ocupa de todo, si previamente ha conseguido anular las resistencias; esto lo procuraba con la doma previa de flexiones, sobre todo de mandíbula y cuello, que repercuten en el aflojamiento del resto de la musculatura impulsora.

Para el mando, el jinete establecia el principio "mano sin pierna – pierna sin mano".

Su própio discípulo James Phillys supuso en algunos conceptos, que las expresiones de Baucher no tradujeron bien sus pensamientos:

"en el último grado de finura el caballo ejecuta, por decirlo así, todos los movimientos sin el auxilio de las ayudas: basta para llevarle a ellos, indicárselos...Pero, en la práctica, es absurdo tratar de obtener la unión completa, o equilibrio de primer grado, más que por medio de los efectos de manos ayudadas por las piernas y viceversa".

Es el caso de la bola de billar en equilibrio sobre un tablero sometido a sacudidas:

(continuará)....



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